La
santa rabirrubia
El sabio don Felipe Poey, que acentúa el rasgo
alimenticio del pez, señalando que “es muy bueno frito, cuando es joven”, lo
describe de colorido carmín en el dorso, vientre rosado, franja a lo largo y
manchas en un “bello amarillo”, que tira un poco a verde. Guitart, seguidor en
el siglo XX del maestro ictiólogo cubano, dice en cambio que el pez es
“oliváceo violado”, pero en modo alguno debe entenderse como una contradicción,
sino probablemente se trata de peces de diferentes edades, o colectados en
sitios de diferentes características. Otros caracteres, descritos en el género,
destacan la elegancia del cuerpo oblongo, el opérculo sin espinas, la boca
pequeña con la mandíbula inferior algo adelantada, y la lengua áspera. La aleta
caudal, bifurcada y de color amarillo, dan razón al nombre.
A
mediados del pasado siglo, la rabirrubia poseía un intenso interés como pez
deportivo y comercial, y probablemente los métodos habrían de ser los mismos en
una y otra pesquería. En Semana Santa, algunos comerciantes y empleados
públicos que amaban la pesca abandonaban La Habana para hacer un poco de vida
jíbara en cayos y costas. El 26 de abril de 1957, en su página C-3, el diario El Mundo informaba que en ocasión del
feriado religioso muchos aficionados de la capital se habían desplazado hacia
los pesqueros de la costa norte de la provincia de La Habana y de las dos
costas de la inmediata de Pinar del Río, donde tenían especial predilección por
salir desde el puerto de La Coloma hacia la cayería de San Felipe. Entre las
especies a cuya captura se dedicaban en esta época, la que más les interesaba
parecía ser la de la Rabirrubia, por su abundancia, su carne y su viva picada.
Pequeños
botes o cachuchas, que eran llamados chalanas en la costa sur, se empleaban en
la pesca nocturna, en parte por razones económicas, en parte debido a que
embarcaciones de mayor porte carecían de la maniobrabilidad necesaria para esta
pesca. Aparte de los cordeles, un farol de luz brillante a bordo, además de
engodo y la carnada –sardina o camarón-, eran aprestos necesarios.
Pica
de modo súbito y violento la rabirrubia y el pescador marca la línea en el
punto de su longitud a la que ocurre el primer toque. Luego los peces se
acercaran de modo paulatino hasta ubicarse a comer a veces en la superficie.
En la
entrevista realizada a Vicente Chávez Rodríguez, Cheche, en Boca de Camarioca, el destacado pescador recordó su
participación en una competencia de la rabirrubia efectuada en la ciudad de La
Habana, cuyo primer puesto obtuvo asimismo, con una captura de 72 ejemplares. El
principal registro de récord de la especie Ocyurus
Chrysurus en la pesca deportiva cubana fue un ejemplar de 7,0 libras
capturado en 1985 a vara y carrete por el aficionado Norberto Pablo Arencibia,
de la provincia de Pinar del Río, al oeste de la Isla.
1 comentario:
Aquí la pescamos en el litoral norte de la Habana-Matanzas, una gran cantidad de carnada de un tipo de sardina que se llama Bocón según el argot pupular aquí en la zona, picoteamos bastante y la utilizamos como engodo, naylon de 15 a 20 lb, si no hay corriente pescamos sin plomo de lo contrario con una laminita muy pequeña y corrediza, anzuelo No.2 recto, en mi poca experiencia me ha sido mas factible las noches oscuras y en el mes de junio e capturado ejemplares de hasta 5-6 lb mas de uno en una misma noche sin contar cantidades de las pequeñas. He tenido el placer de conocer pescadores que pasan días, semanas ,preparando el pesquero, engoando solamente sin tirar n solo naylon, ellos dicen que como animal al fin cuando se acostumbra a un lugar en el cual a la misma hora todos los días encuentra comida, esto le crea un hábito y llegan por cientos. saludos Matanceros.
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