30.5.13


Caballerote: rápido y peligroso
Después del pargo criollo, líder de la familia Lutjanidae y especie emblemática entre los peces marítimos del archipiélago cubano, tal vez el otro pargo más buscado y encontrado por los aficionados locales es el Caballerote (Lutjanus griseus). También a este lo admiraba por su lado culinario el naturalista del siglo XVIII Antonio Parra, declarando que es “de los Pescados más sabrosos, y que se comen sin el cuidado de estar siguato”. Hoy puede expresarse lo mismo, sin que lo nutritivo opaque lo recreativo. El caballerote es un bicho lleno de mañas, un pescadito de ensarta al que un buen día halla el esforzado pescador de un tamaño más allá de lo regular y entonces no se lo puede creer.
El Dr. Darío Guitart le describe de este modo en el tomo tercero de su útil Sinopsis de los peces marinos de Cuba: “Cuerpo alargado, poco alto, más o menos 3 veces en la longitud estándar (1); ojo moderado, 4.6 veces en la longitud de la cabeza; dientes vomerinos en un parche en forma de ancla o flecha; caninos de la mandíbula superior, bien desarrollados, los de la inferior poco notables; (la aleta) anal con el extremo posterior redondeado; pectorales relativamente cortas, de 3.7 a 4.2 veces en la longitud estándar. (...) Color grisáceo con tintes rojizos especialmente en la región anterior y en la abdominal. No sobrepasa los 40 cm de longitud total. Poey declara que el caballerote es común todo el año: “Se pesca a 30 brazas de profundidad, nadando en manchas. Los mayores no pasan de 10 a 12 libras”.
Una de las más comunes confusiones en materia de peces es la que sucede entre el caballerote y la cubereta (L. cyanopterus). Poey lo dejó resuelto en 1863, según expresa en la descripción correspondiente a la cubera en su Ictiología cubana: “La diferencia consiste, además del tamaño, en que el caballerote tiene el hocico agudo, la boca más pequeña, mientras que la cubera tiene el hocico corto, más obtuso, la boca más hendida, alcanzando a veces la vertical de la pupila, pero este último carácter, bien señalado en los jóvenes, se vuelve equívoco en las cuberas adultas; porque el ojo crece poco con la edad y la boca se adelanta. Sin embargo, la línea del perfil es suficiente para reconocerlos en toda edad. La lengua lisa (2) es de tomar en consideración. Estudiando de nuevo esta especie, he encontrado un carácter tan importante, que basta por sí solo para suprimir toda incertidumbre; y es que los dientes vomerinos de la cubera ocupan un espacio triangular, mientras que los del caballerote forman un ancla chapa (sic) que se prolonga hacia atrás como en los Lutjanus Caxis y Jocú, tomando una figura romboidal” (3).
Hemingway afirmaba que el caballerote (grey snapper) es uno de los pocos peces que, una vez capturados, atacan a sus captores “viciosa y fríamente”, y al decirlo, colocaba al pequeño pargo en las peores compañías del barrio: el tiburón mako y la morena (4). Ellos con seguridad nunca estuvieron juntos, pero una vez conocimos a unos pescadores en el poblado de Isabela de Sagüa que durante toda una pesquería no cesaron de recomendar a sus invitados a bordo que mantuvieran las manos lejos de los afilados colmillos del pez.
 “Tiene una maquinita de coser en la boca”, decian. Un verano de hace años salimos a una corrida del caballerote en las aguas inmediatas a la cayería de la que forman parte los islotes Paloma, Marillanes, Cañete, Serón, Tumba la Olla y Enfermería. Buscando la carnada con un paño de red en los playazos del cayo Lavandera, al caer la tarde los barcos recalan en la poza de Jutias para calar las líneas durante la noche. Además de la mojarra, pueden usarse para el mismo fin el boquerón y la sardina.
 Se echa la potala sobre un fondo de doce brazas y se empuñan los sedales de pesca. Cada hombre usará un sólo avío, porque resulta poco práctico atender más de una línea durante la pesca en corridas. Sedal de monofilamento de nailon de entre 40 y 60 libras de resistencia a la tracción, aparejado con plomada y anzuelo del número cuatro. ¿Grande? Preferible, si el pez traga todo el anzuelo hace difícil su extracción y sus agudos dientes son una amenaza.
La picada no demora y, una vez que se clava, la recogida de la línea debe ejecutarse con rapidez y precisión, porque el caballerote viene arriba a la velocidad de un tren expreso y, si la línea se afloja, a él le bastará la mayoría de las veces con abrir su apretada boca para liberarse del anzuelo. Cuatro hombres a bordo anzolaron algo más de un centenar de piezas de hasta tres libras de peso desde las dos y media de la madrugada hasta el amanecer. Al regresar a puerto, en otro barco habían logrado acumular ochocientos kilogramos de caballerote y traían muy orondos uno que sobrepaso las siete libras.
[Fuente: Técnicas y peces del pescador aficionado cubano, de Ismael Leon Almeida. En proceso de publicación por la Editorial Científico-Técnica].

Notas.-

1-La longitud estándar de un pez es la medida entre el hocico y el extremo posterior del pedúnculo caudal, sin incluir la cola o aleta caudal.

2- De la cubera. Nota del editor.

3- Poey y Aloy, Felipe: Ictiología cubana. Editorial Imagen Contemporánea, La Habana, 2000, Tomo I, páginas 116-117.

4- Hemingway, Ernest: “Cuban Fishing”.  En  Game fish of the worldEditado Por Brian Vesey-Fitzgerald y Francesca Lamonte. Nueva York, Harper & Brothers Publishers. /1949?, páginas 156-160.