2.6.11

¿Mafo, mapo o guasábaco?
El poeta y pescador aficionado Moisés Mayán Fernández envía desde la ciudad de Holguín tres fotos y el detallado comentario que ofrezco a continuación acerca de una especie fluvial capturada allí. Mafo, le llaman al pez en aquella región, por lo que me imagino de inmediato que pueda tratarse de una versión local de lo que en occidente llamaban en mi infancia Mapo. La indicación de la aleta anal en forma de rosa –bueno habría sido mostrarla en foto- la vimos alguna vez en un pez capturado en el río Guanabo, cerca del poblado de Campo Florido, y por ese detalle a la especie la designaban allí, justamente, guabina-flor.
Busco en la Ictiología Cubana, de don Felipe Poey, y en la Sinopsis de los peces marinos de Cuba, de Darío Guitart, alguna indicación que nos acerque a la revelación de la especie de que se trata. Las ilustraciones y algunas características que se entresacan en una y otra obra nos acercan a la creencia de que podría ser un Guasábaco, que para Poey era el Eleotris guabina, mientras Guitart lo presenta como Guabina guabina, atribuyéndole ambos la clasificación a Valenciennes en 1837. Desestimo el mapo, porque las dos especies a las que Guitart aplica ese nombre común son muy pequeñas -15 cm la mayor- en comparación con la talla que revelan las fotos, si conoce usted que un azulejo (una loseta hidráulica) como los del borde del fregadero en que se colocó el pez para fotografiarlo mide regularmente unos 11 centímetros. El guasábaco alcanza hasta 30 cm de longitud.
Nada hemos concluido con lo dicho. En primer lugar, es necesario el criterio de un ictiólogo muy versado en sistemática, que pudiera apoyarse en fotos de mayor detalle o, mejor, un ejemplar conservado. Si fuera efectivamente un guasábaco, estaríamos en presencia de un ejemplar actualmente clasificado como miembro del suborden Gobioidei, familia Eleotridae, género Guabina. Para Poey, en tanto, la familia era la misma, pero el género era Eleotris. Algo curioso es que el sabio del siglo XIX señala que estos son peces de agua dulce (Ictiología Cubana, tomo II, página 576), mientras Darío Guitart advierte (Nota al pie la página 686, tomo IV de la obra que se cita): “De las numerosas especies que compone esta familia, solamente hemos considerado aquellas que según la información que poseemos, han sido encontradas algunas vez en aguas salobres o saladas de nuestro archipiélago”. Don Antonio Parra, en la primigenia Descripción de diferentes piezas de Historia Natural, dijo en 1787 que de la Guavina (sic) “se cojen quasi en todos los Rios de esta Isla”. Juan Vilaró, que siguió los pasos de Poey a finales del siglo XIX, comenta acerca de una de las guabinas, la de ley, en su Algo sobre peces de Cuba con cierta extensión a los de Puerto Rico y los Estados Unidos, y se refiere a una sorprendente talla de 1 a 2 pies de largo, con un peso de hasta 3 kilos “...en el Calabazar del Oeste, donde está enovada de Abril á Junio”.
Peces de este grupo, que comúnmente llamamos guabinas, hemos capturado en la zona bajo la influencia de las mareas del río Gómez o Santa Ana, del lado oeste de La Habana, pero asimismo en el embalse La Coronela, totalmente dulce. Responden bien al señuelo artificial, incluso la mosca, lo que es gran noticia si la especie prospera.
La conclusión que nos formamos, al cabo, es que estas especies se hallan pendientes de algunos estudios. La guabina goza de protección por el Decreto Ley 164, Reglamento de Pesca, que establece de 500 a 5 000 pesos de multa por la captura, desembarque o comercialización de la especie, la cual incluye entre las “destinadas exclusivamente a la pesca comercial”, así como la anguila y el manjuarí (artículo 51, acápite 12-c), concepto que en su oportunidad debería revisarse, mientras es seguro que la eficacia de la protección ganaría bastante con acciones como el proyecto que hace años lleva a cabo para el manjuarí el biólogo Andrés Hurtado en Ciénaga de Zapata. También lo agradecerían la biajaca criolla, la del Guaso, la anguila, los guajacones, el joturo, el dajao, el sábalo, el robalo, el patao, todas las especies autóctonas de camarones de agua dulce, que no tienen valor comercial.........................................................................................................
El pez que se observa en la ilustración remitida por el amigo Mayans tiene la apariencia de hallarse inflamado, lo cual, sumado al dato de los ejemplares que aparecieron muertos en la presita nombrada, indica que el asunto podría ser asimismo de interés para la autoridad veterinaria del territorio. Vean el comentario de Moisés Mayans, que agradecemos:
EL MAFO: ¿FÓSIL VIVIENTE O GUABINO MALFORMADO?
Por Moisés Mayán Fernández
El pescador novato suele confundir al mafo con el guabino, pero el lobo de embalse no se deja engañar por las semejanzas. El grosor de labio inferior, las características peculiares de su cabeza, la coloración amarillenta, mucho más clara que la del guabino a pesar de compartir los mismos fondos, y una aleta anal en forma de rosa, son rasgos que lo distinguen de otras especies. Pocos pescadores deportivos en nuestro país han anzuelado un mafo, pero este singular pez es conocido desde hace mucho tiempo por habitar ríos, arroyos y lagunas de poca profundidad, con fondos de piedras y troncos sumergidos. El ejemplar de la foto fue capturado en la presita del poblado Junucún, perteneciente al municipio Rafael Freyre de la provincia de Holguín. Un hecho atendible, fue que pocos días después, vimos dos mafos muertos flotando en las aguas de este embalse, pero nunca más logramos anzuelar un ejemplar. Sobre las propiedades de su carne no puedo hacer ninguna acotación, pues impresionado por su fealdad (capaz de superar al temido clarias), y por el tabú histórico de que la cabeza del mafo está regularmente agusanada, lo dejé caer (no sin lástima) al comedero de los cerdos.