Sobre los peces y el modo de
pescarlos
A la memoria de
José Quintín Cardoso y Miguel Arocha
[Presentación del libro Técnicas
y peces del aficionado cubano. Feria Internacional del Libro de La Habana,
Sala “José Antonio Portuondo”, recinto de San Carlos de la Cabaña, 15 de
febrero de 2014].

Arrimando
provisoriamente la brasa a mi sartén, debo decir que en exactamente seis
décadas los cubanos hemos publicado 8 títulos sobre el deporte de la pesca 1, un entretenimiento del
cual ya se obtienen noticias en el siglo XIX, de fuentes tan reconocidas como
Tranquilino Sandalio de Noda, Cirilo Villaverde y, no faltaba más, de don
Felipe Poey, el sabio autor de la reconocida Ictiología cubana. Es necesario decir que en mucho menos tiempo un
escritor español que conozco ha visto impresas 14 obras sobre el tema, viviendo
más lejos del mar que cualquiera de nosotros 2.
Tan
imbricados en las aguas como nos hallamos en nuestro medio físico, ¿cómo es que
el tema marítimo y fluvial parece en
nuestras letras reducido a tan escuetos y –por cierto- tan relevantes ejemplos?
Cualquier lector enterado apelará enseguida a Enrique Serpa y su clásica Contrabando, o los cuentos “La aguja” y
“Aletas de tiburón”; recordará esa escalofriante narración que es “La agonía de
La Garza”, de Jesús Castellanos; perdonará las fantasías exóticas de Federico
de Ibarzábal, tendrá deseos de releer a Lino Novás Calvo en su Cayo Canas, y sumergirse en otra realidad galopando los
fondos de seibadal con el inevitable caballo de coral de Onelio Jorge Cardoso. Mucho
es, en su densidad literaria, pero no creo que alcance para llenar de sentido siquiera
los casi quinientos metros de costas que parecen tocarnos, sin contar cayos,
embalses, lagunas, ríos y cañadas crecidas.
¿Será
que escribimos los cubanos como seres urbanos y continentales? Vaya uno a
saber. Pongamos por caso los pescadores del Malecón de La Habana. Si se asoman
al parapeto meridional de La Cabaña y extienden la mirada hacia el otro lado
del canal de la bahía, los verán allí, tan fundidos con el paisaje que a veces
se difuminan en la visión de los que pasan 3.
Existen, están ahí, en la mayor parte del muro, y posiblemente antes de que la
emblemática fachada habanera fuera
edificada, con los cordeles tomados al tacto y las cañas atentas al faje de
pescado, envueltos por el trasiego de turistas y paseantes. Pero es como si sus
prácticas y representaciones sociales fueran prescindibles en el trazado de la
ciudad, en lugar de ser, en área tan
significativa, su carácter humano más relevante. No están dotados de glamour,
no brindan argumentos a folclorismo alguno, dudosamente pueda tomárseles como
pie a una consigna política, pero les aseguro que son inobjetablemente cubanos.
Agradezco al diseñador Dayán Martínez Chorens haber escogido la imagen de portada
del libro, que muestra sin margen de duda la identidad que subrayo.
La
pesca deportivo recreativa es ciertamente una actividad individual, para nada
sus eventos pueden ser fácilmente convertidos en espectáculos. Pero tras esa
apariencia de privacidad y la presunción de que aquí todo el que va de pesca lo
que busca es pescado, se pierden en la apreciación de la mayoría de nosotros unas
cuantas potencialidades. Aparte de un ronco o una tilapia fritos, puede que a
la pesca se le reconozcan el ejercicio físico que en mayor o menor medida
siempre provee y cierto paliativo del socorrido estrés. Pero hasta ahí.
Tal
vez en tan interesado recuento de los presuntos valores de la pesca deportiva nacional
se nos esté escapando el hecho de que este entretenimiento posee unos cuantos
valores adicionales, uno de los cuales, y de no poca importancia, es el modo en
que las pesquerías fomentan relaciones humanas en los más diversos niveles de
socialización. En un contexto en que lo económico tiene por necesidad que considerarse,
la pesca por afición es el elemento motivador de un turismo consistente en que
el país ha tenido mejores momentos, mientras en su operación es tiempo ya para
el protagonismo de expertos propios del país. En lo nacional, la pesca es una
modalidad turística que espera definiciones.
La
pesca recreativa aporta contacto con la vida silvestre incluso en el más urbano
litoral, brindando una valiosa lección de aprendizaje de la naturaleza y una percepción
del paisaje que contribuyen a facilitar la educación ambiental, a reforzar el
sentido de pertenencia y a dar significado de vivencia a lo que el libro de
texto, el discurso de poder y la letanía de los medios intentarán fijar como valores
de patriotismo y responsabilidad en la protección del patrimonio natural del
país.
Quienes
gustan de la vida al aire libre y confrontan sus vivencias con revistas de
viajes, emisiones audiovisuales y páginas de internet, estarían en condiciones
de comprender que el atractivo mensaje de esos recursos mediáticos representa
otro factor de dominio nada sutil en el contexto globalizador, que pretende
mostrar la superioridad de una cultura incluso a aquellos que no se dejan
seducir por el mercado masivo de modas cambiantes, celulares, automóviles,
yates, residencias, vacaciones en (nuestro) Caribe, etc. Intercalo la anécdota
de que en una de esas páginas web nos enteramos un día de la fabulosa pesca del macabí que comercializa
un turoperador foráneo en un sitio llamado Jardines de la Reina, al que nunca,
nunca, nunca, en un cuarto de siglo de periodismo dedicado al tema, tres libros
y un blog vigente, hemos podido acceder.
Ernest
Hemingway escribió en 1933 acerca de la pesca de agujas a la vista del vecino
Morro, y dos años después incluyó en el libro American big game fishing 4,
considerado desde entonces un clásico de la literatura en esta materia, el
capítulo “Marlin off Cuba”, el más completo y sistematizado estudio acerca de
la pesca deportiva marítima en esta gran isla antillana. Caramba, Hemingway era
maravilloso.
Ahora
preguntémonos por qué no es igual de reconocido por nosotros Federico Gómez de
la Maza, que cuatro años antes, a finales de 1929, en la Revista de Agricultura, Comercio y Trabajo, escribió el artículo
escuetamente titulado “La pesca de agujas”, difundido semanas después por la
revista Habana Yacht Club 5, donde se halla, en un
completo y sistematizado análisis, toda la pesca de agujas según el método de
los pescadores artesanales de la costa noroccidental cubana, ya mencionados por
Felipe Poey en el siglo XIX, que es lo que al cabo describe literariamente
Hemingway en 1950, dos décadas más tarde, en su laureada El Viejo y el Mar.
Las
estadísticas registran que en Cuba se hallaban activos en 1985 un total de 161
688 pescadores aficionados 6.
Como sabemos, en los dos o tres lustros posteriores a aquella fecha, durante el
tenso final cubano del pasado siglo, bastantes ciudadanos tuvimos que apelar a
los recursos de la naturaleza, incluidos los negocios de la pesca, para librar
una obstinada subsistencia; probablemente hoy no llegaría a contarse con la
tercera parte de aquella cifra de aficionados. Tales procesos, además de
reducir la afición en número, difuminó en la mentalidad social el criterio de
deportividad y aún más su propósito: la pesca fue sobre todo fuente de alimento
e ingresos monetarios.
Tal
situación desquició todo ordenamiento previo en la materia, mientras, en la
legislación que previsoramente se promulgó en aquella misma etapa, era
consagrada la comercialización del producto de la pesca recreativa 7. Encima, las cuotas de
captura deportiva se establecieron en base al peso 8 y no en número
de ejemplares, como si fuera el mismo impacto ambiental capturar una trucha de
15 libras o capturar treinta truchas de media libra, que solía ser lo más frecuente.
La
asociación que agrupa a los aficionados a la pesca en el país fue concebida en
tiempos en que una estructura vertical, con ramificaciones en los
correspondientes niveles territoriales, satisfacían lo mismo a una organización
de masas que a una entidad administrativa, sin que se razonen las
particularidades de esta afición y lo que su autonomía puede aportar a la
sociedad, una vez reconocidos los valores de la actividad que promueve. El
proceso de contratación de los propietarios de embarcaciones deportivas para el
aporte comercial de pescado, iniciado en 2007 con un desafortunado intento de
disolución de la asociación de pesca, demostró la debilidad de esta última como
espacio social.
La
terminación de un libro llega como una suerte de apatía, cuando el autor se
siente confiado de decir: “Bien, ahora es asunto tuyo”, y pasar a otra cosa. Técnicas y peces del aficionado cubano,
que ahora presentamos, libra a su autor de sucesivos ansiedades y desapegos,
porque en los ocho capítulos que contiene se junta lo que fueron proyectos de
algunos otros libros sobre la pesca deportiva cubana, cuya materialización tal
vez nos habría tomado una década o más, al paso actual de los procesos
editoriales.
Ya
habrá autores con mayor paciencia o tiempo a su favor que escriban alegremente
acerca de la pesca a spinning, de la pesca de la afamada trucha cubana, de la
pesca a mosca que hace pocos años tuvo un feliz y transitorio estreno en el
Parque Nacional Ciénaga de Zapata, o que indaguen con mayor énfasis en las
especies de peces que caracterizan la afición en nuestras aguas, o estudien
sitios de pesca a los cuales promuevan con letras llenas de entusiasmo, para
que los turistas que con suerte sigan escogiendo este divino archipiélago,
capten la diferencia entre venir a pescar en Cuba y venir a pescar con los
cubanos. Sin dudas llegará el tiempo para ello.
Quiero
dedicar estas palabras de presentación a la memoria de José Quintín Cardoso y
Miguel Arocha, dedicados organizadores de la pesca recreativa cubana, el primero
como directivo de la federación de pesca recreativa en Villa Clara 9; el segundo, todavía casi anónimo organizador del Torneo Hemingway
en 1978, de quien una publicación norteamericana expresó en su momento:
“Hemingway habría estado orgulloso” 10.
Doy gracias a mi familia, por el amor con que me impulsan; a los amigos que me
quedan, por su fidelidad, y a mi editora María Luisa Acosta por creer en el
tema que le he presentado ya en dos ocasiones. Espero lectores críticos, porque
de ellos se nutre y avanza la cultura.
Muchas
gracias. (Ismael León Almeida).
NOTAS
(1) No
hay dificultad en reseñar la lista al completo: 1-
Guía del Pescador 1954, editada por
el periodista Ernesto Aguilera; 2- La
guía de la caza y la pesca en Cuba, que el guía Antonio González Solar hizo
imprimir en 1958; 3- La pesca deportiva
en Cuba ( u “Origen y desarrollo de la pesca deportiva”), de Osvaldo Lazo
González, en los años 80; 4- Lo que Ud.
debe saber de pesca, que Gonzalo León Lanier publica en 1989 (Editorial Oriente, Santiago
de Cuba); 5- La pesca deportiva de la
trucha, de Emilio de la Osa (Editorial Científico-Técnica, La Habana, 1992);
6- Pesca deportiva cubana. Historia y
tradición, Ismael León Almeida (Editorial Científico-Técnica, La Habana,
2010); 7- El torneo cubano de Ernest
Hemingway, Ismael León Almeida (eBook en el sitio Amazon, 2012), y 8- Técnicas y peces del aficionado cubano,
Ismael León Almeida (Editorial Científico-Técnica, La Habana, 2014).
(2) Emilio
Fernández Román, del catálogo de la editorial Tutor, de Madrid, con precios
entre 6.50 y 26 euros (http://www.agapea.com,
revisado el 13 de junio de 2012).
(3) Puede
tomarse de ejemplo un despacho de prensa de la agencia española EFE, del 12 de
mayo de 2012, dedicado a una competencia de pesca en el Malecón con la
asistencia de 200 pescadores, la que supuestamente se había convocado «en
homenaje a las personas que cada día lanzan allí sus cañas al mar, como deporte
o "terapia" para sus problemas». La realidad es que, seiscientas
palabras más adelante, ninguna otra cosa se había dicho de los supuestos
protagonistas, ni siquiera quienes ganaron el referido certamen.
(4) Ed. Oliver Grinnell, The Derrydale Press, Nueva York, 1935.
(5)
Vol. X, No. 56, febrero 1930, página 46.
(6)
Nuevo Atlas Nacional de Cuba (1989),
mapa no. 42, y en el interesante folleto Algunos
aspectos de la historicidad de la recreación en Cuba, de Santos Guerrero
Gutiérrez.
(7)
Decreto Ley 164, Reglamento de Pesca (1996), artículo 40.
(8)
Resoluciones 519 y 521, emitidas en 1996 por el extinto Ministerio de la
Industria Pesquera, y la 108 de 1997.
(9)
Alejandro Dacosta y Rivers (seudónimo de Ismael León Almeida): “Pescar en el
mismo centro”. Bitácora, La Habana,
No. 6, Primavera 2001, página 50.
(10) Dade W. Thornton: “The Tournament Trail”. Southern Boating (Florida, USA), Vol. VII,
Nr. XII, August 1979, página 28.